20.03.2007 | Crónica
Los Bolos Astur-Orientales en una encrucijada de su historia
por Isidro Caballero Sardina
En el último tercio del siglo pasado el juego de Bolos en la Comarca Oriental ha disminuido alarmantemente. Ha entrado en una espiral decadente que ha motivado que su contexto sociodeportivo perdiera aquella significación que tuvo no hace muchos años, quedando difuminado por la relevancia de actividades consideradas mas modernas y erosionado por la falta de población y una pérdida de valores tradicionales. La verdad es que cuesta contener el desaliento ante tan palpable realidad.
Pero lo malo no es el decaimiento. Es mucho peor si encima languidece, porque la vida que le queda apenas bulle y respira. Entonces recurrimos a añoranzas recordando tiempos mejores. Los gritos y las partidas al salir de la escuela cuando todos sabíamos jugar a los Bolos, aquel ambiente de camaradería, amistad y de fiesta que reinaba en su entorno en las décadas de los 50 y 60 y principios de los 70, las incontables boleras de aquella sociedad rural y campesina mayoritaria en el Oriente de Asturias que al terminar los trabajos se iba acercando a la bolera al grito de ¡Arriba a los gananciosos!, los concursos que patrocinaban los indianos, el recuerdo de las viejas partidas de La Portilla, El Palacio, Alles, Noriega, La Plaza de Panes, La Pereda y Porrúa..., los inolvidables Miguelín Purón y El Zurdo de Bielva y, más tarde, El Rapaz de Alles, que convertían los concursos en los que participaban en relevantes actos sociales. Tiempos del “esmangue o la siega”con profundo significado de esencia y tradición.
Aquéllos eran gloriosos tiempos de Bolos, aunque nuestros pueblos fueran más pobres y estuvieran más feos y nuestras boleras apenas tuvieran asientos. Eran casi la principal forma de ocio y una verdadera escuela de socialización, convirtiéndose en una de las puertas de entrada en la sociedad, además del reflejo de los valores de aquélla sociedad, que en los Bolos estuvieron representados por una filosofía informal, lúdica, de cohesión social y espontánea, vertebrada en valores como la caballerosidad, la palabra dada, la camaradería ,la fiesta…
Hoy, el juego tradicional en nuestra comarca es poco más que una frivolidad, salvado o amparado por las grandes competiciones veraniegas: Trofeo Miguel Purón (Noriega), Trofeo Senén González (Alles), Villa de Llanes y el centenario concurso de San Cipriano (Panes), principales depositarios de la raigambre histórica del juego que contribuyen a garantizar el contenido emocional y la legitimidad y que son año tras año el espejo más representativo de la modalidad.
También es justo destacar aspectos muy positivos que resultan paradójicos dentro de la espiral decadente en la que se encuentra sumido nuestro juego tradicional, como el nivel deportivo del llanisco Rodrigo Núñez Martín en estas últimas décadas, uno de los más sobresalientes jugadores de todos los tiempos, la contrastada categoría actual de su sobrino Ico Núñez y Benito Fernández Llamazares, de Alles, alguna buena intención en forma de escuela de bolos y el aire fresco y creativo aportado por la Asociación “Pico Peñamellera” en esta última década.
Al ir viendo este languidecer lento pero inexorable cabe preguntar: ¿Qué será de nuestros Bolos? ¿Será esta una situación transitoria? ¿Una etapa que han de sufrir porque estamos en época de cambios? ¿Será porque la historia tiene ciclos?¿Cómo serán los juegos de Bolos del siglo XXI?
Pero los Bolos son como los pueblos y los robles, son duros. A pesar de todo, siguen ahí. Y, además, como relicarios de una tradición que configura la identidad de nuestra tierra, Asturias.
Y podemos seguir planteando interrogantes: ¿Quién podrá darle vida a nuestros Bolos aportando savia para que el árbol no muera y siga reverdeciendo cada primavera?¿Qué caminos debemos seguir? ¿Qué iniciativas debemos tomar? ¿Será ya tarde para cualquier iniciativa sería? ¿Quién puede seguir manteniendo nuestros Bolos en pie aunque sea a duras penas? ¿Seremos capaces de encontrar personas con vocación y capacidad que tiren del carro?
Los Bolos en nuestra Comarca están en una encrucijada de su historia. A partir de la segunda mitad del siglo pasado experimentaron un proceso de deportivización, elaborando el juego y superando el ámbito local. Pero este proceso no logró consolidarse en nuestra zona, a diferencia de nuestra vecina Cantabria a sólo unos minutos de nuestros pueblos, contemplándose en cambio la pérdida casi absoluta del juego como actividad de ocio y centro de convivencia social.
Por otra parte, el desarrollo económico experimentado en nuestro región en las décadas de los 60 y 70, con el consiguiente progreso social que trajo, sobre todo, la llegada del automóvil y la televisión, unido a la despoblación de los pueblos y la poca aceptación de los jóvenes de determinadas formas y patrones establecidos, hizo que las nuevas generaciones dieran la espalda al juego tradicional atraídos por otras modernas formas sociodeportivas. Se hace entonces necesario saber mirar y, sobre todo, mirar cerca y con imaginación para plantear y diseñar nuevas alternativas que nos permitan saltar del juego (lúdico-recreativo) a la concepción moderna del deporte(vocación +organización +dedicación) con distintos programas y medidas.
Nuestro Bolo Palma o “Birle” está en “tierra de nadie”, sumergido en una confusión absoluta entre juego y deporte, sin ningún plan para abordar el relevo generacional, carente de organización y dedicación, con apenas responsabilidad en los órganos deportivos que se autoproclaman representantes del propio deporte, y en quienes las administraciones han delegado para gestionarlo previa dotación de fondos, con el número de fichas más bajo de la historia y casi sin practicantes en la base de la pirámide, sobre la que debería descansar la buena salud de la modalidad, para empezar a caminar por este nuevo escenario de comienzos del siglo XXI cargado de bastantes incertidumbres.
Nuestros Bolos necesitan y merecen tener personas y grupos que fomenten iniciativas, en primer lugar de promoción (masculina y femenina), pero también pedagógicas, educativas, higiénicas, sociales, de divulgación, culturales, de organización de todo tipo de concursos de Bolos que contribuyan a fortalecer la identidad de los bolos como manifestación propia de Asturias. Son estas personas y grupos los que en estos momentos pueden seguir alentando la vida de nuestros Bolos.
Isidro Caballero Sardina.
Presidente de la A.D. Pico Peñamellera y promotor del Museo de los Bolos de Panes.
Panes (Asturias)